Publicado por Accesscity . el 5 ago 2024, 16:47:19
Turismo Accesible
No soy española aunque elegí España para vivir. Soy argentina de nacimiento e italiana por elección. Venir de otro país con una discapacidad motora en mi tierra natal es visto como una locura. "¿Cómo vas a dejarlo todo sin saber lo que te espera y más con una discapacidad?", me decían, como si mi condición me definiera. Pero hoy no vengo a hablarles de esos desafíos. Hoy quiero compartirles una aventura que cambió mi vida: mi viaje a Zaragoza para ver a Bunbury, el lugar donde nació y donde cerró su gira, la misma que comenzó en mi querido Buenos Aires. Soy Sandra Dobal, Responsable de Marketing y Publicidad en Accesscity, y esta es mi historia.
Imaginen la emoción: un sueño hecho realidad, las entradas en mano, todo listo para un viaje inolvidable. Comprar las entradas fue sorprendentemente sencillo y económico. Además, podía llevar un acompañante al mismo precio, así que la expectativa solo crecía. Mi única preocupación era asegurarme de que el estadio fuera accesible y cómodo.
El verdadero desafío comenzó con la reserva del hotel. Al intentar pagar, me encontré con la primera barrera: la habitación accesible tenía un costo extra. Me negué rotundamente, convencida de que la accesibilidad no debería ser un lujo. Elegimos una habitación simple de dos camas con baño, ya que viajaba con mi hijo. Al llegar al hotel, nos asignaron una habitación bastante cómoda, pero como experta en accesibilidad, noté que había mucho por mejorar, especialmente en el baño. No cumplía con ninguna norma de accesibilidad, pero como solo sería una noche y mi objetivo principal era el concierto, decidí dejarlo pasar.
El ascensor, pequeño y estrecho, se convirtió en otro desafío, especialmente con mi scooter. Sin embargo, la belleza del casco antiguo de Zaragoza y la emoción del viaje me mantenían motivada. ¡Qué maravilla de lugar! Pero esa historia merece un capítulo aparte.
La atención en el hotel fue cálida y amable, pero aquí es donde quiero detenerme un momento. La amabilidad, aunque importante, no es suficiente para garantizar una buena experiencia a personas con discapacidad. Se necesita comprensión y preparación para cubrir nuestras necesidades básicas. Si hubiera viajado sola y tenido un percance en el baño, no había ningún botón de emergencia al cual recurrir. Este pequeño detalle, a menudo pasado por alto, puede ser vital para personas con movilidad reducida, mayores o con problemas temporales de movilidad.
Y es que, los alojamientos deben reunir y cumplir todos los requisitos de accesibilidad, en habitaciones, baños... Si hubiera una caída como he comentado o mi scotter finalmente no pudiera bajarse en el ascensor habría provocado una gran molestia en mí y hubiera sido francamente desagradable. Es por ello que las personas que regentan este tipo de servicios deben de ser conscientes de qué medidas de accesibilidad no cumplen para poder mejorar y cuáles sí cumplen para poder mantenerlas e incluso potenciarlas. En nuetra Escuela queremos ayudar a que más y más establecimientos puedan tener las herramientas para conocer y dar soluciones a la accesibilidad,como nuestro Curso de Autodiagnóstico, un curso sencillo, práctico y dinámico que ayudará a empezar a incorporar la accesibilidad universal en negocios como por ejemplo de este tipo. En este enlace te puedes inscribir y te mandamos la información https://escuela.accesscity.es/cursos/autodiagnostica-la-accesibilidad-en-tu-negocio-10-13?edicion=12&tab=info
Seguimos con la historia. Sorprendentemente, me fui con mi hijo y mi scooter a tomar el tranvía que estaba a pocos metros del hotel. Fue práctico, accesible y cómodo. Llegamos a La Romareda, un estadio que luego del recital sería demolido para dar paso a uno nuevo, lo que me llenaba de ilusión. Fue muy fácil llegar y encontrar la entrada para personas con discapacidad, la cual estaba bien señalizada y contaba con personal dispuesto a ayudar.
Como mi hijo prefirió estar más cerca del escenario, su entrada estaba en otra puerta, así que nos separamos. En la entrada todo fue perfecto; había personal para asistirnos y asegurarse de que pudiéramos disfrutar del espectáculo. El baño estaba muy cerca, era espacioso y, sobre todo, accesible. Había personas dispuestas a acompañarte a donde necesitaras y, si ibas sola como en mi caso, incluso te compraban las bebidas y bocatas.
No les pregunté si estaban específicamente formados para este tipo de atención, pero debo decir que tanto el servicio como la elección del lugar dentro del estadio (aunque bastante lejos del escenario) nos permitieron disfrutar del show de manera cómoda, segura y accesible.
La salida del estadio fue impecable. Contábamos con la presencia de la policía para facilitar nuestro acceso al tranvía de regreso al hotel, evitando que la multitud nos abrumara. Agradecí enormemente esa atención.
En resumen, mi experiencia, de 0 a 10, podría calificarla con un 7. Brindo por lugares accesibles para todas las personas. Y si alguna vez quieres aprender cómo ayudar a derribar barreras y no ser una de ellas, escríbenos.

