Publicado por Accesscity . el 15 sept 2025, 11:41:15
Formación y divulgación
El urbanismo feminista nos propone una pregunta sencilla: ¿para quién está hecha la ciudad? Si la hacemos en voz alta, empezamos a ver cosas que antes pasaban desapercibidas. El banco donde nadie se sienta, la parada de bus demasiado lejos del centro de salud, la calle sin iluminación que impide a muchas personas volver a casa con seguridad. Estas son pequeñas heridas del espacio público que afectan de forma desigual a mujeres, a personas mayores, a familias con niños y niñas, a personas con discapacidad y a quienes viven en los márgenes.
Cuando juntamos urbanismo feminista y accesibilidad, dejamos de hablar en abstracto y empezamos a analizar la vida concreta. La accesibilidad universal, más que una normativa, es una forma de escuchar: nos obliga a pensar en los tiempos reales de las personas, en sus ritmos, en cómo se mueven y con quién comparten las calles. Esa escucha transforma diagnósticos técnicos en propuestas que mejoran la cotidianidad.
Para entenderlo basta un ejemplo cotidiano. Imagina una plaza central con bancos altos, un único paso estrecho y alumbrado tenue. Una solución técnica podría centrarse solo en arreglar la luz. Desde una mirada feminista y accesible, preguntamos: ¿cómo usan la plaza las vecinas? ¿Dónde esperan las familias? ¿qué recorrido hacen las personas mayores hasta la farmacia? Esas preguntas nos llevan a soluciones diferentes: bancos de distintas alturas, apoyos para incorporarse, itinerarios libres de obstáculos, cruces con tiempo peatonal suficiente y una parada de transporte más cercana. Pequeñas decisiones que hacen la plaza más vivible para más personas.
Este enfoque no es una lista de acciones técnicas: es una forma de priorizar. Nos interesa identificar las mejoras que generan mayor bienestar con menor coste social y económico. Nos importa también recuperar la palabra de quienes usan el espacio: la escucha activa en talleres comunitarios aporta datos que un plano nunca dará. Así se convierten las quejas en propuestas y las intervenciones en actos de justicia urbana.
En la práctica, trabajar con perspectiva de género e interseccionalidad significa incorporar varias miradas: técnica, comunitaria y cotidiana. Implica medir, sí, pero también hablar y observar. Significa diseñar itinerarios que funcionen para alguien con baja visión y para una persona con un carrito de bebé; significa pensar el mobiliario público pensando en las manos que lo usan y en los cuerpos que reposan sobre él.
Si queremos ciudades más justas, hay decisiones sencillas que podemos impulsar desde ya: priorizar pasos peatonales cerca de centros de salud y escuelas; revisar si el mobiliario obstaculiza o facilita el paso; ajustar tiempos de semáforos para quien camina despacio; mapear rutas accesibles hacia servicios públicos. Son medidas pequeñas que, sumadas, cambian el uso del espacio y la sensación de seguridad y pertenencia.
Te invito a la observación y a la acción reflexiva: mirar la ciudad con los ojos de la vida cotidiana y preguntarnos qué condiciones hacen posible que más personas participen de lo público. No buscamos recetas universales, sino herramientas para preguntar mejor, escuchar más y diseñar con honestidad.
Si te resuena esta forma de ver la ciudad, comparte una experiencia que hayas observado en tu barrio, pueblo o ciudad: un itinerario incómodo, una mejora que funcionó o una idea que te gustaría probar. Compartir pequeños relatos nos ayuda a entender patrones y a transformar lo cotidiano.
En Accesscity lo tenemos claro, ese es nuestro ADN, nuestro eje de trabajo, ¿te ánimas a contactarnos y empezar a diseñar con otra mirada?

